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En las artes marciales, la meditación sobre las acciones pasadas nos conduce a la habilidad y destreza en acciones futuras

Los Uchi-Deshi (Estudiantes Internos)

   Normalmente en Japón se determina a los Uchi-Deshi como estudiantes internos, no solamente a los que ingresan en Honbu para la práctica del Kyokushinkai, sino también en otras artes japonesas como el Ikenawa “arreglos florales” o Chanoyu “ceremonia del té”.

El origen de los Uchi-Deshi es difícil de saber, pero tal vez surgieron a la vez que los Samuráis en Japón, que enseñaban sus destrezas a sus hijos o, quizá, habría que remontarse a los monasterios donde los monjes necesitaban discípulos a quién enseñarles y que continuaran con sus enseñanzas.

Los Uchi-Deshi son unos estudiantes especiales que se dedican en cuerpo y alma al aprendizaje del arte elegido y  a servir a su maestro. Hay varios tipos de estudiantes, los Uchi-Deshi serian los internos que viven en los dominios de sus maestros (Honbu, monasterio, casa  etc.), y Kayoi-no-Deshi (estudiantes externos), que viven de forma independiente pero asisten regularmente a entrenar.


    Muchos karatekas han hecho la peregrinación a Kyokushinkai Honbu en Japón para saber algo acerca de lo que es un Uchi-Deshi, pero en tiempos de SOSAI MASUTATSU OYAMA muy pocos extranjeros llegaban a ser Uchi-Deshi.

El número se reducía cuidadosamente, solo unos 15 estudiantes internos eran admitidos cada año. El número se reducía considerablemente cuando se daban cuenta de la forma de vida que habían elegido, una de las más duras y exigentes en el mundo de las artes marciales. No tenían apenas libertad de movimientos, pues solamente podían salir del Dojo a la hora de comer. Estos tenían que estar entrenando durante 1.000 días y luego se podían marchar. Los Uchi-Deshi entrenan, comen, duermen e incluso sueñan con Karate.

El haber elegido esta forma de vida es por varias razones: unos quieren llegar a ser campeones del mundo, otros buscan un modo diferente de vivir el Karate. Algunos adoran simplemente sentir Kyokushinkai y seguir las enseñanzas de Sosai Oyama.

El día de un Uchi-Deshi empezaba a las 6:30 h. de la mañana. La primera clase comenzaba a las 7:00 h. y siempre se hacía en el exterior, independientemente de la climatología, podía llover, nevar, hacer un calor sofocante, todo ello simplemente era un motivo más para seguir fortaleciendo el espíritu del karateka.

Como calentamiento se iniciaba una carrera de 8 Kilómetros, esprintando por una colina, tanto en la subida como en la bajada una y otra vez, y para entonces todos los dolores y agujetas del día anterior habían desaparecido. Después de correr todos entrabann en el parque próximo al dojo y a veces SOSAI OYAMA salía para observar como entrenaban. Allí seguían trabajando y esforzándose para poder hacer más ejercicios, 100 flexiones con los puños, 300 sentadillas, 500 abdominales, etc., sabiendo que durante la jornada los entrenos seguirían repitiéndose.


Todos recuerdan que durante esos ejercicios se alcanzaba un punto donde uno querría parar e irse a su casa y se preguntaba: <<¿Por qué?, ¿Por qué estoy aquí?, ¿Por qué estoy haciendo todo esto?>>. La respuesta no era llegar a ser un superhéroe, sino encontrar un sentimiento interior muy especial que te llevara a superar esos límites extremos.

Después del entrenamiento matutino el Uchi-Deshi tenia que hacer el desayuno para el resto de los residentes y limpiar el Honbu antes de que saliera el sol. Luego recitaban las promesas del Kyokushinkai. Más tarde hacian de todo, desde cocinar, lavar los karategis de sus instructores, limpiar los aseos, realizar trabajos de carpintería o albañilería. A veces eran increpados por los Sempais si no habían limpiado algo correctamente o si las órdenes recibidas no se ejecutaron tal como debían.

El entrenamiento y vida de los Uchi-Deshi era tan duro y monótono que solamente unos pocos lo superaban. Si lo conseguían, era muy probable que se conviertieran en futuros campeones del mundo y  algunos de los más claros exponentes mundiales de Kyokushin Karate, como Keji Sanpei o el pequeño Koichi Kawabata, fueron 2º y 8º, respectivamente en diferentes campeonatos del mundo. Cuando participaban en un campeonato, estaban convencidos de que no debían perder, tenían una especie de sentimiento que flotaba en el ambiente por el que el hecho de rendirse significaría como si hubieran perdido el código Bushido o como si algo hubiera muerto dentro de ellos. Así pues, el que lucha contra un Uchi-Deshi tiene muy pocas posibilidades de vencerle, sabiendo la fuerza interior que poseen.
       

Gracias a ese tipo de lucha el espíritu de Kyokushinkai permanecerá vivo eternamente en el alma del Karateka. 

 

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